Puro cuento #3
Pelea de gallos - María Fernanda Ampuero
Ni noche de paz, ni noche de amor. Llegó la Ampuero.
¿Qué decirles? La primera vez que leí este libro mi cabeza repetía “no puede estar pasando esto". Pero efectivamente pasaba.
Arrancar con un cuento como Subasta, que te deja con taquicardia y el estómago revuelto, da cuenta de que el resto no va a ser mejor (en cuanto a sensaciones producidas, claro, porque el contenido es excelente). Leemos con el cuerpo, cada sentido se agudiza.
El hogar es el punto de partida de las diferentes historias, un espacio en el que algo se empieza a resquebrajar y cuando uno lo nota, ya es muy tarde, se rompe y sus piezas saltan para todos lados lastimando a quien esté cerca.
Tuve la oportunidad, hace unos años, de participar de un club de lectura con esta autora y su mirada sobre el mundo y sobre el lugar de la mujer en el mundo me dejó perpleja. No porque no supiera las cosas horribles que ella contaba, sino porque hasta la maldad tiene un límite en mi cabeza. Límite que en la realidad es inexistente. Y un poco sobre eso versan estas historias: en el terror de lo mundano, en la trata de personas, en el peligro de ser mujer y estar expuesta a vejaciones para las que no encuentro palabras pero que si las pienso me dan ganas de vomitar...
Ya sea por la soledad, por la falta de amor o por aferrarse a aquello que no existe, los personajes se corrompen. Siento que hay una frase que podría definir el espíritu de Pelea de gallos y es:
Hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos
Y es porque imaginamos al terror como a una figura espectral en medio de la noche o como un ser de otro mundo que busca venganza, pero el terror puede dormir en nuestra cama o vivir bajo nuestro mismo techo.
Les dejo un pedacito del primer cuento, Subasta, para que entren en sintonía:
En algún lado hay gallos.
Aquí, de rodillas, con la cabeza gacha y cubierta con un trapo inmundo, me concentro en escuchar a los gallos, cuántos son, si están en jaula o en corral. Papá era gallero y, como no tenía con quién dejarme, me llevaba a las peleas. Las primeras veces lloraba al ver al gallito desbaratado sobre la arena y él se reía y me decía mujercita.
Por la noche, gallos gigantes, vampiros, devoraban mis tripas, gritaba y él venía a mi cama y me volvía a decir mujercita.
—Ya, no seas tan mujercita, son gallos, carajo.
Después ya no lloraba al ver las tripas calientes del gallo perdedor mezclándose con el polvo. Yo era quien recogía esa bola de plumas y vísceras y la llevaba al contenedor de la basura. Yo les decía: adiós gallito, sé feliz en el cielo donde hay miles de gusanos y campo y maíz y familias que aman a los gallitos. De camino, siempre algún señor gallero me daba un caramelo o una moneda por tocarme o besarme o tocarlo y besarlo. Tenía miedo de que, si se lo decía a papá, volviera a llamarme mujercita.
Yo a medida que pasaba las páginas:
Si lo leíste y querés debatir o contarme tus sensaciones, te espero en Instagram. Y si te quedaste muy manija, la buena noticia viene x2: si te gustó este título, podés leer también Sacrificios humanos, y hacer tiempo hasta que salga su nuevo libro en abril del 2024. Es un lujo la voz potente de esta mujer y espero que llegue cada vez más a nuevos lectores.
Ficha:
Autora: María Fernanda Ampuero
Título: Pelea de gallos
Páginas: 115
Año: 2021
Editorial: Páginas de espuma
Distribuye: Waldhuter
Nos vemos el mes que viene con una nueva recomendación.




